El pasillo surge durante la época independista en los Andes neogranadinos y grancolombianos en las primeras décadas del siglo XIX como una adaptación del vals austriaco,
variación que determinó un cambio rítmico. El movimiento se hizo
acelerado y hasta vertiginoso en su forma coreográfica. En Colombia y
Ecuador recibió el nombre de pasillo y en Venezuela conservó el de
valse.La exigencia de su interpretación exigió una celeridad que puso en
prueba a los bailarines más diestros y se convirtió en una “pieza de
resistencia” en que un bailarín, después de tres o cuatro ejecuciones
quedaba físicamente agotado. Era de rigor en los salones el uso del
pañuelo en la mano para no impregnar de sudor a la dama, ya que se
trataba, no de una danza suelta popular sino de un baile “cogido” en que
la pareja estrechamente abrazada por la cintura debía girar velozmente
muchas veces hasta provocar el vértigo; eran frecuentes los desmayos
en estos saraos muy concurridos.Llegó a ser un símbolo musical del mestizaje hispanoamericano.
El pasillo se extendió a finales del siglo XIX hacia Centroamérica, haciendo su primera escala en Panamá,
que en ese tiempo hacía parte de Colombia. Fue llevado por militares y
altos funcionarios del gobierno, convirtiéndose en uno de los bailes de
preferencia de la aristrocracia tanto urbana como rural del istmo.

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